domingo, 28 de enero de 2024

Análisis de la obra de Perla Mata
Por María Fernanda Enríquez Martínez


    En el presente ensayo, se analizará la obra "Sin título" de Perla Mata, realizada con
óleo y tierra sobre tela de 30 x 50 cm. La pintura, realizada en formato vertical, muestra
un paisaje compuesto por tres planos: un primer plano en el que se observan tres
cuerpos herbáceos con una perspectiva contrapicada, mientras que en segundo plano,
se aprecia una vereda con dos pequeñas crestas a cada lado, y, por último, en un
tercer plano, correspondiente a lo más lejano, se vislumbra una nave industrial con una
chimenea. Por lo que se analizara cada uno de los elementos que componen la obra
con la intención de identificar los planos semióticos utilizados en dentro de la pieza
tanto pictórica como conceptual.

Comenzando el análisis por el plano sintáctico de la obra, podemos observar que la
pieza está realizada con óleo y una paleta de colores bastante limitada, que aparenta
ser una monocromía negra. Sin embargo, al examinarla con atención, se encuentran
pequeños matices de colores que resaltan sobre el aparente color negro; el color verde
viridian en la parte baja de la obra y una mezcla de carmín alizarina, azul ultramar y
sombra tostada en el fondo.

En relación a las decisiones materiales y expresivas, se puede observar que la obra
está dividida en dos momentos y bajo dos aplicaciones distintas. En un primer tiempo,
se cubrió el bastidor con una mezcla de color negro para luego continuar con un
delicado y minucioso trabajo de enmascarillado en la parte baja, con la intención de
reservar lo que se convertiría en el primer plano. En un segundo tiempo, se realizó un
degradado con color blanco que parte del centro bajo de la composición, permitiendo
delimitar el horizonte de la pieza. Es interesante considerar que esta forma de trabajo
crea un tropos de paradoja, ya que, en términos materiales, el primer plano queda en el
fondo de la pieza, y el segundo plano, correspondiente al cielo, se convierte en el
elemento más cercano, generando un alto relieve en la obra, volviéndose el primer
plano materico.

En cuanto a la representación de las plantas, se observa una repetición de variación en
las tres hierbas centrales de la composición, donde se aprecia una intención mimética
por representar cada hoja y textura de la maleza. Que si bien solo es representada en
cuanto a su contorno, proporciona una imagen completa de su apariencia, en una
suerte de siluetaje de la vegetación de la zona. Esta intención de representación tan
delicada y cuidadosa por parte de la artista se repite se repite incluso en la maleza que
conforma la vereda, presentándose como una acumulación icónica que constituye el
elemento base de la composición.

Finalmente, en el fondo de la obra, se aprecia una nave industrial con una chimenea,
elemento que aparentemente carece de importancia en la composición. Y que en un
primer instante, podría pasar desapercibido, pero al estar en el centro y presentar un
halo de iluminación, adquiere protagonismo en la composición.

La obra exhibe una acumulación plástica que le confiere una textura de apariencia
similar a una lija granulada, generando efectos visuales que hacen que las partículas
de color absorban y reflejen la luz de manera heterogénea. Esto, a su vez, provoca un
contorno blanco alrededor de los cuerpos oscuros del paisaje, creando así un ambiente
nocturno.

En términos expresivos, la obra no revela ninguna intención por parte de la artista de
hacerse presente en el proceso. Tanto la aplicación de la pintura como el
enmascarillado muestran una uniformidad y una calidad de plasta en la que la
pincelada es imperceptible.

Al pasar al plano semántico, se puede entender que la obra está compuesta por tres
elementos: el cielo, la vereda y la nave industrial. Aunque aparentemente la vereda y la
nave industrial parecen volverse dos elementos, que en un primer momento parecieran
ser una interpretación adherente ya que son representadas con el mismo color y de
manera plana, al observarlas con atención y encontrar las diferencias de perspectiva y forma, se descubre una interpenetración constructiva en la que se presenta la
vegetación en un primer plano con mayor peso compositivo, y, por otro lado, la nave
industrial. En este sentido, este conjunto de elementos se convierte en una
acumulación por emparejamiento que nos presenta la dualidad entre la naturaleza y la
industrialización.

La obra también pone énfasis en el cielo, especialmente en el ambiente que este
genera. Aunque no sea la imagen central de la obra, es el elemento que presenta más
información cromática y materica, obligándonos a verlo mediante pequeños guiños
dentro de la composición. Por ejemplo, los tres cuerpos herbáceos, elementos
centrales de la composición, presentan una elipsis cromática en la que su color y
composición no importan, ya que son presentados como masas de información cuya
única revelación proviene del contorno que el ambiente/cielo nos permite ver. Además,
el plano en contrapicada de las plantas del primer plano nos lleva a observar el cielo,
volviéndonos conscientes de la atmósfera que presenta la obra y desentrañando la
narrativa de la nave industrial, la chimenea, la fumarola y la bruma cobriza que se
forma alrededor de esta, generando una metonimia de causa y efecto.
Y analizando la construcción de la obra, se comprende que el cielo se presenta
literalmente sobre los otros elementos de la pintura, relegándolos a un segundo plano
materico y otorgándole un mayor peso al ambiente de la pieza.

La revelación se convierte en una parte esencial de la obra, ya que, al explorarla
gradualmente, vamos descubriendo la presencia de la nave industrial y una narrativa
alrededor de esta y al recorrer la pintura y girar la obra, descubrimos una alteración de
los límites del cuadro en el que se nos presenta la frase: "La máquina que apunta el
suelo y lo transforma en silencio", subrayando la importancia de la pequeña nave
industrial al fondo del sendero. En este sentido, los elementos presentes en el frente de
la obra son códigos duros, fácilmente reconocibles y que nos transportan a un
momento específico, pero al girar la obra y descubrir el texto, la pieza se convierte en
un código blando en el que la imagen no es lo que parece.

Finalmente, en términos del proceso y considerando el plano pragmático de la obra, el
espectador se encuentra frente a un paisaje que experimenta un tratamiento de la
imagen que lo obliga a transitarlo visualmente de manera particular. Comienza con los
tres cuerpos herbáceos, presentados en contrapicada y con una transformación de
escalas que obliga al espectador a alzar la mirada hacia el cielo en el que encuentra un
silencio absoluto que absorbe al espectador durante unos segundos, hasta que es
interrumpido por la aparición de un pequeño cuerpo de luz que revela el elemento
central de la obra: la nave industrial. El espectador se ve obligado a dirigir su atención
hacia ella, pues se encuentra frente a frente; convirtiendo la obra en una perífrasis de
ese momento.

En conclusión, la obra se nos presenta inicialmente como un signo icónico en el que
parece que nuestra única función es contemplar la vegetación. Sin embargo, a medida
que transitamos alrededor de ella, nos encontramos bajo su signo plástico. La artista
nos convierte en cómplices de un paisaje que se revela gradualmente ante nuestros
ojos. Somos testigos de una masacre ambiental; ya no podemos disfrutar del paisaje ni
de la vegetación, nos volvemos pequeños frente a la fábrica. Observamos la bruma
cobriza que emana de la máquina, podemos sentir el humo de la chimenea, que raspa
nuestros pulmones; nuestra visión se ve afectada por la densidad del ambiente,
sentimos los ojos secos y el paisaje de va se desdibujando para dejarnos únicamente
con la sensación de ardor en nuestras entrañas. La obra se convierte en un ratio
difficilis que nos dejara marcados por un tiempo.

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