miércoles, 9 de junio de 2010

Aproximaciones a la obra pictórica de Paz Aurora Amézquita

por Luis M. Verdejo Navarro


1- He pintado dos años al lado de Paz, en dos talleres distintos. He visto su evolución pictórica. He conversado mucho con ella y también compartido grandes silencios. Desde el principio Paz ha centrado el interés de su pintura en el cuerpo, sobre todo, femenino. En el primer año de la maestría trabajó, sobre todo, en apropiarse de él, de manera personal, más que siguiendo reglas o métodos para lograr la, a veces todavía tan ponderada, imitación. Así surgieron una gran cantidad de pinturas y dibujos de cuerpos femeninos en distintas posturas. Sus dibujos siempre surgieron a partir de una gestualidad rápida, espontánea. El arabesco (era y sigue siendo) lo fundamental en su escritura dibujística. No se lo dije nunca, pero sentía que esa manera de dibujar tenía que ver con el método de dibujo “La manera natural de dibujar” de Kimon Nicolaides, en el cual se insiste en que cada persona, a partir de su método, encuentra su propia o natural manera de dibujar; los ejercicios que en éste método se plantean hacen que irremediablemente cada dibujante dibuje su propia huella digital, que se da a partir de su estatura, fuerza-sutileza, su manera de tomar el lápiz o pincel, su manera de observar el espacio, de enfrentarse ante el modelo, de encontrar, en fin, su propia escritura dibujística.
Lentamente esos dibujos de Paz de figuras femeninas pasaron a ser fragmentos de cuerpos: los dibujos de empezaron a estar poblados de piernas, manos, dedos, caderas, torsos, senos; algunas veces caras, ojos, o narices; en ese momento estaba dividiendo el cuerpo, fragmentándolo. La primera intención fue el tratar de apropiarse al cuerpo, para después fragmentarlo. Para atrapar el cuerpo necesitaba utilizar una paleta muy reducida: amarillo ocre, azul ultramar, anaranjado. A veces negro o blanco. Los colores puros, sin mezcla previa en la paleta, se mezclaban, al principio de manera tímida, en el papel.

2- ¿Por qué Paz se ha centrado en el cuerpo femenino? Me lo he preguntado varias veces. Por supuesto en el siglo XX y actualmente en el XXI hubo y hay mujeres que pintan cuerpos femeninos. He leído, no recuerdo dónde, que la mujer se ha apropiado de su propio cuerpo al pintarlo. Por supuesto desde siempre ha sido suyo, pero al pintarlo como al escribir sobre él, el arte y la literatura han ensanchado su percepción o visión y conocimiento sobre el sentir particular, corporal y mental, de la mujer. Tomemos a la pintora Paula Modershon Becker como una de las iniciadoras en la pintura que pinta el cuerpo de la mujer, se pinta a sí misma, pinta a mujeres embarazadas, y algo, no sé exactamente qué, nos dice que esa pintura no pudo haberla pintado un hombre. O tomemos a la escritora Brasileña Clarice Lispector, para ver que cuando en una novela escribe sobre un personaje femenino, (que en realidad esta es su gran aportación) lo hace de manera tan particular, que pensamos que el conocimiento tan profunda sobre el pensamiento - sentimiento de la mujer, que sólo una mujer lo podría haber escrito. Pondré un ejemplo de ello:

“Allí de pie en la semioscuridad de la terraza, de repente más suave, le vino otra revelación que duró pues era el resultado intuitivo de cosas que había pensado antes racionalmente. Lo que le vino fue la levemente temible certeza de que nuestros sentimientos y pensamientos son tan sobrenaturales como una historia pasada después de la muerte. Y no comprendió lo que quería decir con eso. Dejó que el pensamiento se quedara, porque sabía que encubría todo, más profundo y comprensible. Simplemente, con el vaso de agua en la mano, descubría que pensar no le era natural. Después reflexionó un poco, con la cabeza inclinada hacia un lado, que no tenía un día a día. Era una vida a vida. Y que la vida era sobre natural.
En aquella hora de la noche conocía ese gran susto de estar viva, teniendo como único amparo tan sólo el desamparo de estar viva. La vida era tan fuerte que se amparaba en el propio desamparo. Estar viva – sintió- tendría, de ahora en adelante, que ser su motivo y su tema. Con curiosidad tierna, envuelta por el olor del jazmín, atenta al hambre de existir, y atenta a la propia atención, parecía estar comiendo delicadamente viva lo que era muy suyo. El hambre de vivir, Dios mío.”

Con la obra de Paz me sucede lo mismo que con Clarice Lispector: no sé exactamente cómo se da pero encuentro que sus dibujos y pinturas fueron hechos, sin lugar a dudas, por una mujer.

3- Dentro de la pintura mexicana, puedo decir que Paz viene de una línea de pintoras fundamentales, que basan su trabajo en una pintura sobre todo lírica, figurativa o no: Cordelia Urueta, Lilia Carrillo, Irma Palacios, Susana Sierra y Magali Lara. En todas ellas encontramos que parten del trabajo directo, físico de la experiencia pictórica hacia la imagen o aún hacia lo semántico. De la imagen a la idea y no al revés. Aunque comiencen poblando de figuras sus planos, creen sobre todo en el proceso, en la acción del pintar, en encontrar sutilezas cromáticas (como sobre todo en Urueta o Carrillo) o en jugar con el gesto, con las intensidades y contrastes colorísticos (sobre todo en Palacios, Sierra y Lara), etc.

Si transcribimos un fragmento de Juan García Ponce sobre Irma Palacios, encontraríamos que nos podría estar hablando de algunas cualidades y aún intenciones que encontramos en la obra de Paz:

“La expresividad, la fuerza directa e inmediata de las obras de Irma Palacios capturan al espectador apenas se encuentra frente a ellas… Entrar a su exposición es hallarse inevitablemente en el ámbito de la pintura… Irma Palacios no se ocupa de ofrecernos nada nuevo – en el sentido de que sus obras sean sorpresivas o sorprendentes- , al contrario, nos coloca frente al puro y antiguo goce de la materialidad de la pintura… No es lo mismo utilizar a la pintura que estar en la pintura; no nos hallamos frecuentemente ante un artista que no hace más que llamarnos al silencio de la contemplación…
Hay en cada uno de los cuadros, un trato directo que no permite ninguna diferenciación entre lo que sus materiales le dicen por sí mismo y la manera en que los convierte en la obra. En sus telas ninguna forma es dominante, ningún color se impone sobre los demás… No hay principio ni fin, hay siempre superficie…” p. 59

Esto sucede con la obra de Paz: aunque en sus cuadros existan esos fragmentos del cuerpo, (que a veces el espectador puede o no identificarlos), estos fragmentos no toman mayor relevancia que el fondo, o que la materia plástica. También en el uso del color sucede lo mismo.

4- En el último semestre su trabajo ha llegado a fundir totalmente el cuerpo en su pintura: el uso de los papeles recortados, previamente pintados, con una variedad y riqueza de líneas es algo que Paz ahora trabaja con un gran conocimiento y libertad. En pinturas anteriores a la que hoy presenta realizaba grandes collages, en los cuales literalmente se metía en ellos, caminaba sobre ellos, se sentaba en ellos para pegar sus papeles recortados. También tomaba distancia y los observaba para aproximarse de nuevo e ir variando los recortes que constituirían el cuadro.
A partir de todo su desarrollo pictórico ha llevado un procedimiento que ha ido variando lentamente: si observamos el cuadro que hoy nos presenta vemos que los papeles recortados, que antes eran pegados en ciertas zonas, ahora están en todo el cuadro, son el cuadro: no hay fondos ni profundidades, sino solamente superficie que, a pesar de una saturación de yuxtaposición de recortes, (y la escritura dibujística) está ordenada a partir del color. Quizá sucede esta saturación de recortes, porque en este cuadro el formato ha reducido sus dimensiones.Este cuadro también tiene la virtud de que en él los recortes no sólo son orgánicos, sino también encontramos recortes con líneas rectas: sin embargo esto no altera ese orden logrado a partir del color. La figura, que el espectador puede o no ver, está ahí, tan fundida en ese paisaje textural que puede o no encontrarse.
Esta pintura por las características antes mencionadas tiende puentes con otras artistas: no en lo pictórico, sino en cierta visión artística con la Ana Mendieta que retrata sus siluetas o huellas (ausencias de su cuerpo que estuvo en un jardín o en un lugar lodoso, etc). En Paz, ese cuerpo femenino, su cuerpo, ha entrado y se ha fundido en su pintura: ella sabe que está ahí, aunque el espectador no lo sepa inmediatamente: quizá, aunque ella no ha titulado este collage, sería bueno que lo hiciera, para que para que la búsqueda del cuerpo sea un punto de entrada para espectador: que busque ese cuerpo y lo vea fundido en el collage, y si no lo encuentra, ese esfuerzo de observación hará que encuentra la riqueza plástica; por otra parte, si encuentra cuerpos o fragmentos seguramente encontraría no sólo el cuerpo que ha puesto Paz (que se encuentra de la parte media izquierda hacia la base), sino otros fragmentos del mismo, ya que, a fin de cuentas, sus recortes tienen como punto de partida el cuerpo.
Por supuesto que a lo largo de estos dos años, Paz se ha acercado, a lo que es un autor ideal por ese conocimiento experiencial, lento, de saber qué exactamente quiere lograr en un cuadro y al adquirir los medios plásticos para poder lograrlo y hacerlo.