lunes, 14 de junio de 2010

“ Hacia lo mínimo”

Homenaje a Washington Barcala
De Luis Verdejo

Por: Karla Alegría



En la pieza “Hacia lo mínimo” homenaje a Washington Barcala, resulta evidente el interés del autor hacia la escritura, hacia el acto mismo de escribir, de mover la mano al ritmo del pensamiento y para ello Luis se vale de la literatura, es decir usa la lengua y por supuesto del collage como medio para anclar la composición de manera visual.
A primera vista, la pieza de Luis deja al azar la selección de frases y recortes, sin embargo y a manera de hipótesis me atrevo a asegurar que dicha selección no tiene nada de azarosa, sino que es bien conocida por el autor, cuyos exiguos elementos (letras, frases recortes y líneas sobre un fondo blanco) aparentan funcionar dentro del lenguaje visual a manera de signo plástico, sin embargo creo que éste último recobra su significado literal y se convierte en un registro de sucesos cotidianos, que son traducidos al lenguaje de la poesía, para ser presentados como fragmentos de la vida del pintor.

En primera instancia, me referiré al aspecto “matérico” de la pieza y después trataré de rastrear el contenido de la misma, para finalizar con el título.

I

No me parece arriesgado plantear la posibilidad de ver en las hojas de papel que fungen como soporte de la pieza la familiaridad que el autor mantiene con la escritura, esto es, con el modo de representar las palabras o las ideas con letras u otros signos trazados en papel u otra superficie plana.
Los estudios realizados por el autor en el área de las letras, lo introdujeron desde muy joven, al mundo de la expresión escrita, mucho antes que la pintura, es por ello que la actividad pictórica para Luis se presenta a nosotros con la llaneza que puede tener el hojear un libro, o mejor aún el escribir un diario.
Tal ejercicio cotidiano, conlleva rapidez mental y agilidad manual, por ello, no resulta raro que sea el papel la mejor solución a la necesidad de Luis. Un soporte que invita a la escritura, que la recibe y que en una escala pequeña facilita la serialidad o si se quiere entender en términos visuales, delimita claramente una unidad de medida, la cual establece un continuo de piezas, que según el mismo autor, se refieren a diferentes estados de ánimo.

II

El recurso de la tinta es otra punta de lanza que dirige el trabajo de Luis y aunque en alguno de los módulos que componen la pieza la tinta es usada para dibujar, el autor usa la tinta en la dirección mas conocida, la de la escritura.
Delgadas líneas de tinta en forma de letras (por el momento no me ocuparé del contenido) cubren sólo una parte del espacio, pero siempre de izquierda a derecha y siguiendo el contorno de la hoja para dejar al centro de la composición espacio para fijar recortes de papel. Esta, se convierte en una constante en toda la pieza, en la que se percibe un cierto respeto, (por llamarlo de alguna manera) al material, la pulcritud de los trazos, se ve interrumpida por una caligrafía despreocupada, sin embargo, resulta evidente que los trazos son lentos, pausados, Luis sabe de la apariencia que quiere lograr pues no varía los grosores de las líneas ni la densidad de la tinta, sino que los mantiene constantes y deja para mejor ocasión la experimentación con el medio.

III

Los recortes que Luis fijó sobre el papel, de carácter irregular corresponden según le mismo autor a partes de objetos cotidianos, invitaciones, programas de mano, parte de una lija, otro cuadro que no le gustó y lo recortó y son los que funcionan como ancla que mantiene la pieza dentro del lenguaje visual.
A manera de collage, la estética del montaje, podemos rastrearla en le corazón del surrealismo, esto es, “poner en presencia de una materia brusca y cautivante dos objetos tan alejados el uno del otro como sea posible” [constituye, según André Bretón] “ la labor más importante a la cual pueda aspirar la poesía”(Chéroux, 2009, p.116).

En la historia del movimiento surrealista, este principio estético conoció múltiples formulaciones tales como el collage de imágenes o de palabras, el montaje cinematográfico, la asociación de ideas, el juego que consistía en reconocer lo uno en lo otro y es precisamente en este terreno en el que Luis juega.
Aunque son los encuentro fortuitos, los que satisfacen el ideal de belleza surrealista, bien se le puede sumar el “objet trouvé” el objeto encontrado en cuya defensa André Bretón no cesó de exigir que se le concediera a lo arbitrario “el lugar que le corresponde en la formación de las obras y de las ideas” (Chéroux, 2009, p. 117) y Luis hace suyo dicho recurso para explotarlo sistemáticamente y construir su pieza a partir de objetos diarios, de objetos que caen en sus manos, pero nos deja evidente su procedencia, los corta, los deforma y hasta los altera con algún toque de tinta.

Es entonces que podemos afirmar que le uso de los materiales en “Hacia lo mínimo” no se dirige a un experimentación, sino a una reiteración de los materiales que Luis ya conoce y domina.

Pasemos ahora al contenido en las frases.

IV

“Antaño, si le recuerdo bien
a.r”

“No te emociones”

“E.A Westphalen
La exaltante – agobiante – terrible – terrenal- belleza.”

“Resolví mis problemas personales”

“Refinar los 4 lugares”

“250 órganos”

“Con violines primeros. Papel de china mexicano.”

En “Hacia lo mínimo”, dichas frases configuran lo que podría entenderse como una clave para entender mejor la pieza.

Según el autor, estas frases son fragmentos de poemas, ideas que llegan o hasta conversaciones escuchadas en la radio mientras se trabajaba. Algunas están claras y legibles mientras que algunas fueron tachadas dejándolas indescifrables.

Sin embargo me centraré en dos, la primera de ellas “antaño si le recuerdo bien a.r”

Resulta que esta frase corresponde al poema “una temporada de infierno” del poeta francés Arthur Rimbaud, escrito en 1873 y que tuvo como inspiración una tormentosa y pasional relación amorosa entre el poeta y su colega Verlaine el cual tras un primer intento de tomar la vida de su amor, fue encarcelado , mientras que Rimbaud quedó hospitalizado.

“Antaño, si recuerdo bien, mi vida era un festín en el que se abrían todos los corazones, en el que todos los vinos hacían torrentes.
Una noche, senté a la Belleza sobre mis rodillas. - Y la encontré acerba. - Y la injurié.
Me armé contra la justicia.
Y escapé. ¡Oh hechiceras, oh miseria, oh aversión, es a ustedes solamente que confié mi tesoro…!”(López, 2004)

Es bien sabido que Rimbaud logró plasmar en “Una temporada de infierno” lo pesaroso de su vida al lado de Verlaine.
Correspondido, no lo sé, pero si enamorado, Luis hace suyas estas palabras con toda su carga amorosa y las plasma para presentarnos un pequeño fragmento, que al igual que los recortes selecciona y transforma en un signo que bien podemos entender como el frenesí sentimental , esa carga anímica que Luis imprime en sus piezas.

Otra de las frases que Luis nos presenta no es una cita, sino un extracto de la obra de otro poeta peruano, Emilio Adolfo Westphalen, para quien la literatura peruana comienza con la obra de José María Eguren y de quien retoma algunas ideas sobre la belleza y el arte:

“La belleza es indefinible. Podría ser la santidad objetiva de los ojos, el éxtasis del movimiento. Una pluralidad armónica como el gusto, daría tantas bellezas como gustos diferentes. Los nórdicos adoran sus vírgenes de nieve y los africanos sus ángeles negros. Como atrayente de amor, con sus líneas gráciles y sus colores activos, la belleza sería principio de vida, la verdad de la vida, y lo que se apartara de ella, negación y muerte. La belleza podría demostrarse por sí misma, por el sentimiento en comprensión universal y tácita. El arte es el instrumento para exteriorizarla. El genio la crea en el arte, y la primera causa, Dios, en la Naturaleza.”(Eguren)

Es así que esta referencia no es poética, en este caso versa sobre la teoría estética y la difícil tarea de definir lo que la belleza es.
Luis hace suyos los planteamientos de Westphalen y exterioriza sus dudas, o tal vez su coincidencia con el pensamiento del peruano. Lo cierto es que es una constante en el quehacer artístico, la revisión de los términos como belleza y la problematización teórica de la misma.

Es con estas dos referencias en que podemos vislumbrar un par de tendencias, la primera, hacia lo pasional de la literatura, la segunda hacia su vertiente teórica.

V

El título “Hacia lo mínimo” Homenaje a Washington Barcala, puede también arrojar ciertas luces para el entendimiento de esta pieza.

Mientras que “hacia lo mínimo” confirma un proceso frugilidad hacia el uso de recursos visuales Washington Barcala nos habla de otra línea.

Washington Barcala es un Pintor uruguayo, nacido en Montevideo en 1913, su obra ha sido calificada como una suerte de constructivismo orgánico. Entre lo más característico de su producción están sus series collages realizados a base de materiales frágiles y humildes como el hilo, el cartón, la tela o la madera y en los que es evidente un sutilísimo equilibrio constructivo.

Influenciado por la tendencia constructivista, Barcala se formó en España, en donde desarrolló lo mas representativo de su obra.
Al igual que Barcala, Luis hace una selección de los materiales y los usa permitiendo que su textura y color se mantenga y los acompañe hasta la pieza terminada.
El ejercicio de poner, quitar, mover, probar…termina por dibujar la probabilidad de ver los errores, transformados en éxitos, o de encontrar algo si haberlo buscado. Esto es la serendipia y Luis hace uso de ella en esta pieza, en la que denota su carácter de autor empírico, esto es que Luis construye y se construye con el quehacer mismo, hace uso de todo lo que tiene a la mano e imprime en sus piezas una enorme carga anímica y cotidiana.

Luis bien puede ser considerado n poeta-pintor, primero poeta y luego pintor cuya capacidad creativa trasciende las letras y sitúa su obra en el linde de la poesía y la pintura.

Para finalizar confirmo mi hipótesis, Luis conoce perfectamente el contenido de los poemas que emplea, pero nos los ofrece como una metáfora de lo lúdico y lo mínimo. Así como él, sus piezas dejan fluir la experiencia de la poesía, la experiencia de la pintura, la experiencia de la vida.
Sin embargo los códigos de los que he hablado y que Luis usa corren el riesgo de quedarse atrapados en la simplicidad de las formas, definitivamente “Hacia lo mínimo” apuesta a la sensibilidad de la vida diaria, en esta pieza hallamos la enorme convicción de que la experiencia artística efectivamente hace más llevadera la vida.


Chéroux, C. (2009) Breve historia del error fotográfico. México: serie ve

López, Ch. (2004) Arthur Rimbaud. Una temporada de infierno. Disponible en:
http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/literatura/infierno/infierno.html#1

Eguren, J. (2009) Motivos estéticos. Disponible en:
http://arena.osmosis.com.pe/textos/tex020.html