lunes, 11 de junio de 2007

MARGARITA POSADA GALLEGO

Hace casi dos años ya que tuve la oportunidad de ver por vez primera el trabajo de Margarita, en esa ocasión traté de no prejuiciar y acercarme a sus imágenes con ojos ajenos a juicios de valor. El ejercicio en primera instancia me resultó inquietante debido en buena medida a lo intempestivo de la revisión de las imágenes, y por otra parte, a una suerte de extravío al que me vi arrojado después de ver la primera de las pinturas.
Esta suerte de pérdida se debió de alguna manera a la reiteración de recursos visuales que poblaban sus cuadros y que no me permitían aplicar esquemas de análisis que pudieran dar opiniones convincentes en cada uno de ellos, en todo caso sólo podía implementar un único rasero para todos.
Después de ese primer encuentro pensé que Margarita estaba metida en una suerte de estancamiento y que venía practicando una praxis reiterativa en la que se copiaba a si misma de manera obsesiva, argumentando motivaciones relacionadas con la ciudad y su impacto en la propuesta imaginaria. Sin duda esas referencias eran ciertas, sin embargo la concreción en imágenes resultaba elemental al hacer referencia a una visión ortogonal de trazas urbanas que paradójicamente eran conformadas cromáticamente de manera festiva utilizando colores tímbricos y con reducidas variantes cualitativas. Su trabajo iba inclinando la balanza hacia la estetización y la gratuidad formal.
Debo precisar que a pesar de que su pintura presentaba reiteraciones constantes, algo sólido veía en algunos cuadros y eso fue lo que me hizo pensar que tenía que dar algún viraje en su proceso con el fin de que fuera rompiendo “recetas” y que diera la opción de enriquecer su discurso.
Después de más de un año y al comenzar a trabajar en el taller, en la primera sesión de revisión del trabajo noté que comenzaba a romper con sus ataduras, eliminando las retículas y planteando variantes direccionales. Su pintura parecía que estaba en plena lucha por dejar los esquemas ortogonales monocromáticos.
Margarita ahora se valía de diagonales y de recursos pictóricos que no le había visto antes, ahora agregaba a su acervo técnico-expresivo los esgrafiados, el dibujo pictórico y ya no recurría a retículas, comenzaba a problematizar la pintura, la impresión fue favorable.




Conformé fue avanzando el semestre su trabajo tuvo altibajos, contrastes y paradojas ya que por un lado sus propuestas temáticas iban adquiriendo nuevos causes pero su pintura sufría una suerte de despojo expresivo. Esto no significó un retroceso, en todo caso fue una etapa de cambio que se caracterizó por la reducción de elementos pictóricos en aras de proyectar anécdotas y narraciones simbólicas.






Utilizando una gama cromática reducida y con recursos expresivos limitados, los trabajos de Margarita comenzaron a aparecer dotados de estructuras compositivas predecibles pero efectivas, la amenaza de la estetización se dejaba atrás al cancelar elementos pictóricos y dando un giro hacia la conceptualización iconográfica, poco a poco fue abordando un terreno en el que la propuesta se tornaba más sobria pero con un potencial latente.




Estos nuevos ejercicios en los que fue integrando referencias específicas de objetos de la cotidianidad, se convirtieron en el parte aguas del que se espera una propuesta más sólida, no obstante existe una parte que no acaba de fraguar y que desde mi perspectiva de observador esperaría que pudiera resolver. De manera puntual me refiero a la posibilidad de canalizar esfuerzos hacía dos objetivos: por una parte a la intención de “liberarse” y darse la oportunidad de exponer un universo personal de manera más decidida ya que hasta ahora las imágenes que ha desarrollado guardan un dejo de pudor y continencia que impide encontrar claves de certidumbre con respecto a lo que intenta proyectar, aquí no se trata de elaborar mensajes unívocos, sino de dar certezas temáticas que permitan al espectador situarse en un campo de significado con el fin de abrir una polisemia con cierto grado de estabilidad.
Por otro lado pienso que Margarita no debe perder de vista lo ganado pictóricamente. Me refiero a las cualidades expresivas que ha logrado dominar y que fueron la parte más propositiva de su etapa anterior, pensemos en las variantes de unidades plásticas que llegó a emplear en sus trabajos previos: esgrafiados, dibujo pictórico, interrelación de tintas planas con transparencias, múltiples registros y la consolidación del manejo de una paleta austera pero rica en cualidades.


Creo al fin de cuentas, que el asunto es una cuestión de equilibrio y que no debe de perder de vista lo logrado, sin duda su trabajo se encuentra en una etapa favorable que tendrá que valorar de una manera sensata, pero sobre todo de manera crítica ya que no se trata de abarrotar sus ejercicios con lo que ha hecho o en contraparte desaparecer los aciertos y hacer borrón y cuenta nueva. El reto consiste en amalgamar las partes que “funcionan” dentro de una lógica interna en sus pinturas.
Finalmente, creo necesario comentar dos aspectos que considero han afectado su proceso creativo: por un lado está la propensión de anteponer una intención temática por encima de las capacidades de proyectarla, es decir, una cosa es lo que se quiere y otra lo que se puede. Margarita se ha esmerado en dar “sentido” a lo que hace dentro de un espectro de significación temática a pesar que en muchos de sus trabajos la abstracción es la parte fundamental del discurso, estas explicaciones a ultranza han minado las potencialidades de lo pictórico, frenando la problematización de lo puramente visual. En aras de dar una opinión propositiva, yo pensaría en la alternativa de encontrar “pretextos” temáticos, más que “motivos”, que la anécdota no domine la expresión, al menos no en este momento en el que su acervo técnico-expresivo comienza a consolidarse.
Por otra parte pensaría en la contraparte; que tratará de exponer todas sus motivaciones, preocupaciones o intereses vivenciales por encima de la “forma” y el “modo” de hacerlo, es decir, que la pintura no sea un obstáculo para proyectar su espectro imaginario, en este sentido el trabajo de Margarita estaría más allá del bien y del mal, ingresando en los denominados terrenos ampliados de la pintura, en los que no importa tanto el cómo, sino el qué se dice.
Las cosas en la creación nunca podrán ser instrumentales, por lo que sólo ella sabrá que camino tomar.