domingo, 21 de diciembre de 2008

La obra de José Luis Rangel Luévano

Por Luis Antonio Luviano Flores


Con esta instalación José Luis Rangel Luévano asume el ámbito espacial en una operación que recrea a través de su experiencia sensorial.
Esto ha implicado el ejercicio de transformar los límites de la forma del objeto de arte para extenderlo a la actuación del espacio para hacerlo suyo y manipularlo.


El espacio es una de las principales cuestiones en su obra, hace a la vez de tablero de juego donde ha de operar su discurso, donde ha de construirse el escenario de cada uno de sus elementos plásticos.

Si podemos atribuirle a la arquitectura una posibilidad dentro de la plástica, seria ilógico no fundir esta obra dentro de la plástica misma.
En esta construcción escénica, el espacio forma parte de un producto generado a partir de una acción, de una interacción y de una competición entre varios agentes de orden plástico.

Su obra intenta transformar el espacio apropiado, en un dialogo y una vivencia, en donde no puede escapar la consideración y la interacción del espectador. Por ello se puede hablar de su sentido pragmático.

Esta obra debe analizarse desde el espacio que la obra ocupa, o aquel que le ha sido otorgado. Piénsese para su lectura que el espacio pertenece a una institución universitaria, espacio de fabricación de sujetos cuyas necesidades deben cubrir las necesidades mismas de la sociedad. Aquí el espacio es una resultante icónica, es el elemento ultrajado, la superficie de una obra que ha de perdérsele el respeto para poder colocar las gamas de colores. Color también simbólico, ya que la elección del verde blanco y rojo resulta más que entendible en su utilidad y su alusión. Colores a los cuales José Luís añade el negro. Símbolo de la negación o la ausencia, color que abarca casi la totalidad del circulo principal y que tiñe, cubre o traga, como “la nada” de Michael Ende a una silla central.


Existen elementos que pertenecen a una aureola de hojas en forma de cenefa circular en un orden de repetición continuada limitada. Piénsese en el estigma del premio, de la conmemoración, del logro que se le atribuye a un triunfador que ha de entregársele el símbolo inquebrantable y ambicionado de un signo numérico que encontramos en el 10. Signo alineado en el blanco menor del círculo central de la obra. Paradójicamente la identidad del sujeto 10 resultará inestable, descentrada y fragmentada.
Piénsese también en la representación del 5 numérico y su valor en el espacio universitario institucional, como símbolo de lo medio, del fracaso, de la insipiencia, alineado con lo negro, con lo que no ha logrado “complacer”. Paradójicamente José Luís nos presenta ese símbolo del fracaso institucional frente a las escaleras. ¿Es acaso el camino de salida, la ruta de la renuncia?

Los ritmos de la estructura compositiva, están vertebrados en una estructura radial, de ahí podemos hablar del Isocolón o paralelismo.
Cada uno de los entes compositivos se entrelazan y se confunden a lo largo del conjunto formado, Existe una concomitancia que nos da un carácter de totalidad, de ahí la Interpretación fundente.

Más aun, la esencia semántica hemos de encontrarla en el elemento central, la cual conlleva una condición espacial que alude al cuerpo, al Yo, al la que se asume como protagónico intrínseco. De ahí la Sinécdoque. Nos referimos a la silla de estudiante que aparece al centro y que nos habla de una presencia que está reforzada paradójicamente en una ausencia, De ahí la elipsis. Esta ausencia el espectador está invitado a rellenar. Sin esta invocación, y presencia mental, el discurso perdería niveles de significación, niveles vertebrados en la metáfora donde el otro, el que no está, se encuentra en disputa entre Ser el mismo autor, el mismo espectador, o el otro cultural, aquel que no esta presente como persona, de ahí la elipsis icónica.
En la obra de José Luís se muda el significado de las causas a los efectos, de los efectos a las causas; de los adjuntos a los sujetos, de los sujetos a los adjuntos, y de unas cosas a otras que con ellos tienen cercanía. En este caso el intercambio de lugar y lugar “de lugar en el tiempo, en la escuela, o en la sociedad. Lugar “de” preparación, cultura, así como centro, límite y periferia. De ahí la Metonimia.


En una triada entre espacio-obra-espectador, debemos contener cualidades espaciales que José Luís está abstrayendo del espacio y que abarcan la condición espacial humana.
Condición como ya mencionamos es el cuerpo, el Yo, en el dentro-fuera, en el centro-margen, en la contigüidad-fractura, en la patria-frontera, que José Luis referencia constantemente en sus conversaciones, son elementos que el Yo debe abarcar, sea visual, táctil o presencialmente.

La obra de José Luis es una reflexión que le hace actuar de manera independiente dentro de un margen de acción social. Es una crítica a una sociedad gobernada por la economía, en donde se crean sujetos para cubrir una necesidad mercantil y capitalista. Por ello podemos considerar su espacio como un espacio propicio para la política, en donde interactúen metafóricamente las relaciones humanas y de poder.


Su postura es del ciudadano que no admite la no participación en la vida pública, su postura es la del otro cultural, su postura es la del disidente.
Quiere crear un vínculo entre arte, política e identidad en un espacio que de ser apropiado, se consideraría como espacio ciudadano en el cual José Luis establece sus formas de acción, formas que pretenden crear un puente que ligue el espacio, la identidad y el arte.